jueves, 2 de abril de 2009






Resumen de Enfermedades tiroideas y sensibilidad a la insulina
José Angel Díaz Pérez

Para investigar las alteraciones en la cinética de la glucosa e insulina en los pacientes con enfermedades tiroideas autoinmunes, hemos estudiado a 8 pacientes con hipertiroidismo 1 autoinmune y a 6 pacientes con hipotiroidismo 1 autoinmune, aplicando el modelo mínimo de Bergman al test de tolerancia IV. A la glucosa (fsivgtt) antes y a los dos meses de iniciar el tratamiento. Demostramos que existe una importante disminución de la sensibilidad a la insulina en los dos grupos con respecto a un grupo control, que mejora pero que no se normaliza cuando los sujetos alcanzan el estado de eutiridismo. La sensibilidad a la glucosa es normal en los dos grupos de pacientes. Existe además hiperinsulinismo basal en los dos grupos de pacientes, como probable mecanismo compensador para vencer la resistencia insulínica. La hiperinsulinemia basal persiste a los dos meses de tratamiento. En el grupo de hipertiroideos existe un aumento de la primera fase de secreción pancreática de insulina, y en el de hipotiroideos de la segunda fase. En el grupo de hipertiroideos existe una asociación inversa entre la sensibilidad a la glucosa y los anticuerpos anti-tioperoxidasa. En el grupo de hipotiroideos las alteraciones en el metabolismo de la glucosa e insulina se relacionan estrechamente con el grado de hipotiroidismo.



Resumen de Manifestaciones clínicas de la oftalmopatía tiroidea
Roberto Víctor Fernández Hermida, Sergio Pinar Sueiro, Nora Muruzábal Zaldibar

La oftalmopatía es una manifestación común de la enfermedad tiroidea autoinmune. El edema periorbitario, la retracción palpebral, el exoftalmos y las alteraciones visuales son signos y síntomas frecuentes. De un 25 a un 50% de los pacientes con hipertiroidismo de Graves tendrán algunas manifestaciones de oftalmopatía. Todos los síntomas clínicos visuales significativos y los hallazgos de los pacientes con oftalmopatía de Graves pueden ser englobados dentro de dos fenómenos: el engrosamiento del espacio retrobulbar debido al depósito de glicosaminoglicanos (GAG) o a la restricción de la motilidad extraocular, que se atribuye a un engrosamiento inicial y posterior fibrosis.

Los pacientes con enfermedad de Graves típicamente se quejan de dolor ocular o periocular, lagrimeo, fotofobia, visión borrosa, diplopia, o percepción cromática alterada. A la exploración, muestran congestión orbitaria, proptosis, neuropatía óptica, restricción de la motilidad ocular extrínseca, ejes visuales divergentes, exposición corneal, retracción palpebral y edema periorbitario.

En este trabajo se describen las principales manifestaciones clínicas de la oftalmopatía de Graves con el objetivo de establecer unas clasificaciones medibles y reproducibles que puedan ser empleadas en la clínica diaria para objetivar cambios y guiar y adecuar la terapia. Finalmente, recomendamos el uso de medidas objetivas para la proptosis, movimientos extraoculares, alteraciones corneales y del nervio óptico, usando una escala de actividad clínica o cambios en medidas objetivas para poder establecer la actividad de la enfermedad, y finalmente, reflejar la percepción de los pacientes de su estado de enfermedad.




UTILIDAD CLINICA DE LOS ANTICUERPOS ANTINUCLEARES

Resumen
La determinación de anticuerpos antitiroideos es parte importante de
la evaluación del paciente con enfermedad tiroidea y su presencia se
asocia con la reacción infl amatoria del tiroides. La mayor utilidad de
medir anticuerpos anti-peroxidasa (TPO) es el diagnóstico de enfermedad
autoinmune del tiroides, concretamente tiroiditis de Hashimoto.
Los anticuerpos contra TPO también son una herramienta importante
en la evaluación de la mujer antes y después de la gestación. Los anticuerpos
contra la tiroglobulina (Tg) deben determinarse a la par que
las mediciones de Tg en el seguimiento de los pacientes con cáncer
diferenciado de tiroides. Los anticuerpos contra el receptor de TSH pueden
ser estimuladores o bloqueadores. Los primeros son característicos
de la enfermedad de Graves. Concentraciones elevadas de anticuerpos
contra TSH después del tratamiento con fármacos antitiroideos indican
un alto riesgo de recidiva.
Palabras clave: Tiroides, Diagnóstico, Hipertiroidismo, Hipotiroidismo,
Autoinmunidad, Anticuerpos.


A. Los anticuerpos antitiroideos
La medición de los anticuerpos antitiroideos (T-Ab) puede
ser un paso importante en la evaluación del paciente afecto de
enfermedad tiroidea. Se han descrito varios T-Abs (Tabla 1), pero
solo tres de ellos han sido estudiados en profundidad y alcanzan
importancia clínica en el manejo de las Enfermedades Autoinmunes
del Tiroides (EAT). Sus antígenos, localizados en la célula
epitelial del folículo tiroideo, son: tiroglobulina (Tg), peroxidasa
tiroidea (TPO) y el receptor de la tirotropina (TSHR).
Existe una clara asociación entre la presencia de títulos
elevados de TPO-Ab y Tg-Ab en sangre con la destrucción tisular
del tiroides que se origina durante la reacción infl amatoria autoinmune.
No se sabe con certeza si estos T-Ab son causa o consecuencia
de la enfermedad. TSHR-Ab son un grupo heterogéneo
de anticuerpos que pueden tanto mimetizar como antagonizar la
acción de la TSH. Como consecuencia de la diferente actividad
biológica y de los diversos métodos de detección, han proliferado
un número de acrónimos de TSHR-Ab, lo que con frecuencia lleva
a confusión. En concreto, su determinación mediante un método
competitivo de unión con TSH en comparación con su infl uencia
en la producción de AMP cíclico en células que expresen TSHR
ha generado amplios malentendidos. Ejemplos de esta variada
nomeclatura son TBI o TBII (TSH Binding Inhibitory Immunoglobulin),
TSAb (Thyroid Stimulating Antibodies), TSI (Thyroid
Stimulating Immunoglobulins), TBAb (TSH receptor Blocking
antibodies) o TGI (Thyroid Growth stimulating Immunoglobulins),
por nombrar algunos de ellos. En general no existe una buena
correlación entre los diferentes ensayos, como se señalará más
adelante con mayor detalle.
B. Epidemiología
Tanto TPO-Ab como Tg-Ab pueden encontrarse en determinaciones
analíticas de población “normal” con actividad
Galofré JC, Davies TF
4 REV MED UNIV NAVARRA/VOL 52, Nº 2, 2008, 3-8 52
Tabla 1. Tipos de anticuerpos antitiroideos
Antígeno Signifi cado y utilidad clínica
TPO Su presencia indica la existencia de autoinmunidad y confi rma el origen autoinmune de la disfunción tiroidea. Indica
generalmente tiroiditis de Hashimoto pero también se pueden encontrar en otras enfermedades autoinmunes del
tiroides (incluida la enfermedad de Graves). Pueden aparecer transitoriamente en la tiroiditis subaguda y en la tiroiditis
postparto. Se pueden encontrar en individuos eutiroidieos, en los que indica un importante riesgo de desarrollar
disfunción tiroidea. Es útil determinarlos en las mujeres que buscan quedarse gestantes y antes del tratamiento con
algunos fármacos como amiodarona, litio, interleuquina 2 o interferón α.
Tg Su utilidad clínica es menor que TPO-Ab. Su detección es fundamental para validar los valores plasmáticos de Tg en
el seguimiento de pacientes con cáncer de tiroides. Pueden utilizarse como sucedáneo de la Tg en estos pacientes.
TSHR Su detección diagnostica enfermedad de Graves en el paciente hipertiroideo. Es útil como factor pronóstico ya que si
permanecen positivos tras el tratamiento médico con fármacos antitiroideos aumenta la posibilidad de recidiva.
NIS La presencia de anti-NIS es polémica y no se ha descrito su utilidad clínica.
Hormonas tiroideas La presencia de anti-T3 o anti-T4 puede interferir con los inmunoensayos de hormonas tiroideas. Estos anticuerpos
son variantes de Tg-Ab
TPO: peroxidasa tiroidea. Tg: tiroglobulina. TSHR: Receptor de tirotropina. NIS: Co-transportador de sodio y yodo. Ab: anticuerpos. T3: triyodotironina. T4: tiroxina.
tiroidea normal. No obstante, tal como se ha indicado, su
presencia se correlaciona con el grado de infi ltración linfocítica
intratiroidea la cual puede (o no) progresar y afectar a la función
del tiroides. La prevalencia de T-Ab depende de la sensibilidad
y especifi cidad de los métodos empleados para su medición.
El National Health and Nutritional Examination Survey (NAHANES)
III reveló que Tg-Ab y TPO-Ab se encontraban en el
10% y 12% de la población respectivamente1 (Figura 1). La
Figura 1. Prevalencia de anticuerpos antitiroideos en diferentes situaciones clínicas.
La prevalencia de anticuerpos antitiroideos varía en las diferentes situaciones clínicas. El espectro va desde el 10% entre varones de la población
general hasta el 95% entre los pacientes diagnosticados con tiroiditis de Hashimoto. Este gráfi co no distingue entre los diferentes tipos de anticuerpos
antitiroideos.
Utilidad clínica de los anticuerpos antitiroideos
REV MED UNIV NAVARRA/VOL 52, Nº 2, 2008, 3-8 5
Valores de referencia y estándares internacionales
TPO-Ab. Los valores de referencia de TPO-Ab se establecen
arbitrariamente usando una muestra de sujetos sanos sin
enfermedades del tiroides. Con esta referencia es posible encontrar
concentraciones bajas de TPO-Ab en individuos sanos10.
Con frecuencia los laboratorios informan de los resultados en
Unidades Internacionales de actividad (generalmente en mU/L)
o como una señal de proporción de corte (el corte resulta de
la cantidad arbitraria de “señal” necesaria para establecer un
resultado positivo, arbitrariamente determinado como 1.0). Tal
como se ha mencionado previamente, el empleo de un primario
estándar no reduce las variaciones entre los métodos, tal como
queda de manifi esto por la gran variación en los límites de sensibilidad
alegados por los fabricantes (rango desde <0.3 hasta
<20 kIU/L) y las diferencias en los valores de referencia.
Tg-Ab. La sensibilidad y especifi cidad de los métodos de
medición de Tg-Ab pueden también variar ampliamente en función
del tipo de ensayo y de la heterogeneidad de los mismos
Tg-Ab, dado que el epitopo específi co puede variar cuando se
compara pacientes con carcinoma diferenciado de tiroides (CDT)
o con EAT. De modo análogo a TPO-Ab, un título bajo de Tg-Ab
puede detectarse en sujetos sanos.
TSHR-Ab. Los bioensayos celulares pueden discriminar
entre la diferente actividad biológica de los distintos TSHR-Ab.
Por ejemplo, los TSHR-Ab de naturaleza estimuladora simulan la
acción de TSH, mientras que TSHR-Ab de naturaleza bloqueadora
inhiben la acción de TSH. Desgraciadamente estos bioensayos
no solo son caros sino que además tienen baja precisión. El
ensayo de competición por el receptor que se emplea con más
frecuencia es mucho más preciso y barato, pero no distingue
entre la naturaleza estimuladora o bloqueante de los TSHR-Ab.
Además, la heterogeneidad tanto en acción biológica como en
afi nidad y concentración de TSHR-Ab en los pacientes con EG
explica la amplia variabilidad de resultados que se observa entre
los diferentes métodos de detección, a pesar del empleo de un
estándar. Existe un tercer grupo de TSHR-Ab, los anticuerpos
“neutros”, que no pueden ser determinados por los métodos
que emplean rutinariamente los laboratorios clínicos. Además,
su signifi cado clínico es incierto11,12.
D. Signifi cado clínico
TPO-Ab. La detección de TPO-Ab en suero indica la existencia
de autoinmunidad contra el tiroides, que normalmente se
asocia con la aparición inminente o la existencia de TH.
Tg-Ab. Por lo general Tg-Ab son positivos cuando se detecta
elevación de TPO-Ab, por lo que añaden escasa información
clínica, a no ser que TPO-Ab sean negativos. Normalmente la
concentración de Tg-Ab es infraestimada a causa de la presencia
en suero de Tg. Cabe señalar que el valor diagnóstico de Tg-Ab
es superior en las zonas con défi cit de yodo13-14.
La mayor utilidad clínica de Tg-Ab es validar la concentración
plasmática de Tg en el seguimiento de los pacientes
con CDT7.
TSHR-Ab. La presencia de TSHR-Ab indica EG en el
diagnóstico diferencial del hipertiroidismo15. La sensibilidad
diagnóstica de los bioensayos de TSHR-Ab para EG oscila entre
62 y 81%16, si bien la segunda generación de ensayos de
53
presencia de TPO-Ab es mayor entre la población femenina y
aumenta con la edad. Con frecuencia se encuentran ambos
anticuerpos en el mismo individuo (Ab-Tg y Ab-TPO), pero
su presencia no siempre se solapa. El estudio NAHANES
III también reveló que el 3% de individuos sin factores de
riesgo de enfermedades del tiroides tienen Tg-Ab detectables
como única alteración1. Más del 90% de los pacientes con
tiroiditis clínicamente evidente tienen títulos elevados de
ambos T-Ab. Por el contrario, TSHR-Ab no se encuentran en
la población “normal” sino que únicamente aparecen cuando
existe enfermedad del tiroides. TSHR-Ab se pueden encontrar
en más del 90% de pacientes con Enfermedad de Graves (EG)
y el 15% de los pacientes con tiroiditis de Hashimoto (TH)2.
C. Determinación de anticuerpos antitiroideos
El hallazgo de T-Ab confi rma el diagnóstico de EAT.
Los T-Ab constituyen un valor objetivo y mensurable del
proceso autoinmune que está teniendo lugar en el paciente.
Por ello, T-Ab deben determinarse cuando se sospecha una
EAT o cuando se dan situaciones que predisponen o pueden
precipitar una EAT oculta desconocida, como en el caso del
embarazo. De este modo, el hallazgo de valores alterados de
TSH constituye la principal razón para solicitar un análisis de
T-Ab3. No es de extrañar por tanto que muchos expertos fundamentan
su decisión para tratar el hipotiroidismo subclínico
en la presencia de T-Ab3,4,5, ya que constituyen un factor de
riesgo importante de EAT6. Existen otras situaciones (además
de la evaluación pregestacional de mujeres que buscan un
nuevo embarazo) en las que la determinación de T-Ab tiene
utilidad clínica como en el estudio de otras enfermedades
autoinmunes o en el tratamiento con ciertos fármacos como
citoquinas y preparados ricos en yodo. No obstante, la determinación
rutinaria de T-Ab en la población general no aporta
datos de utilidad práctica6.
Existen varios tipos de ensayos para determinar T-Ab.
El resultado y los títulos de T-Ab que se obtienen dependen
en gran medida del método que se emplea para medirlos.
Como consecuencia, existe una amplia variabilidad tanto en
sensibilidad como en especifi cidad en la medición de T-Ab
y la estandarización de su determinación es subóptima7.
Para la medición de TPO-Ab y Tg-Ab muchos laboratorios
emplean ELISAs comerciales o ensayos de inmunoabsorción
por quemiluminiscencia y las diferencias en la sensibilidad
de los diferentes ensayos pueden tener relación con el diseño
del mismo (vg: RIA competitivo vs. IRMA) así como el método
físico que se emplea para la señal (vg: radioisótopo vs.
quemiluminiscencia) u otros factores como la pureza y estado
de glicosilación del autoantígeno, o el empleo de diferentes
estándares secundarios7. Los anticuerpos del paciente varían
en su afi nidad y concentración, por lo que ningún estándar
policlonal humano puede ser idéntico a otro, incluso aunque
se compare con un estándar internacional. Además, en la
actualidad no existen anticuerpos monoclonales humanos que
sirvan como estándar internacional. Por ello resulta fundamental
en la interpretación de los resultados que se comparen solo
con datos provenientes del mismo ensayo y que se emplee el
rango de referencia que proporciona el laboratorio en el que
se ha hecho la determinación8,9.
Galofré JC, Davies TF
6 REV MED UNIV NAVARRA/VOL 52, Nº 2, 2008, 3-8
receptor de TSHR-Ab proporciona datos positivos en el 90-95%
de los pacientes cuando se determinan antes del tratamiento 17.
Aunque la correlación entre los valores de TSHR-Ab y la presentación
clínica es muy variable, en general se observa que
los casos más severos se asocian con concentraciones elevadas
de anticuerpos11. Los pacientes con enfermedad severa en los
que hay afectación ocular y cutánea son siempre seropositivos
(esto es, con anticuerpos positivos en suero), como lo son los
pacientes que recurren tras el tratamiento11.
La determinación de TSHR-Ab también resulta útil para
predecir la disfunción tiroidea fetal y/o neonatal en hijos de
mujeres con historia previa de EAT. Los TSHR-Ab bloqueadores
se pueden encontrar hasta en el 15% de los pacientes con TH,
si bien su determinación carece de utilidad clínica2.
E. Aplicaciones prácticas de la determinación de
anticuerpos antitiroideos
Tiroiditis de Hashimoto
Diagnóstico. TPO-Ab es el anticuerpo más sensible para
detectar EAT. El hallazgo de TPO-Ab generalmente es la primera
alteración en aparecer en el curso del desarrollo de hipotiroidismo
por TH17. Los TPO-Ab son detectables en el suero varios años
antes del comienzo de la enfermedad clínica. Entre los pacientes
con TSH en el límite superior de la normalidad la existencia de
TPO-Ab positivos identifi ca a aquellos que progresarán hacia
el hipotiroidismo. Existe una clara correlación entre los valores
plasmáticos de TSH y TPO-Ab (Figura 2). Por otro lado, la
positividad de T-Ab puede ser transitoria, especialmente en los
jóvenes; es decir, los T-Ab pueden desaparecer espontáneamente
sin dejar evidencia de enfermedad clínica.
TPO-Ab se encuentran con mayor frecuencia que Tg-Ab
y, en caso de coexistir, los títulos de TPO-Ab tienden a ser
superiores dada la naturaleza bloqueadora de la Tg circulante.
Por ello, desde el punto de vista práctico (en términos de costeefectividad),
suele ser sufi ciente la determinación de TPO-Ab
para confi rmar el diagnóstico de EAT1. Además, solo un pequeño
porcentaje de pacientes con tiroiditis autoinmune tienen Tg-Ab
positivos en ausencia de TPO-Ab20.
Seguimiento. En general no se recomienda el empleo de
determinaciones seriadas de T-Ab en el seguimiento de pacientes
con EAT20. Sin embargo, la variación en la concentración de T-Ab
a menudo refl eja un cambio en la actividad de la enfermedad,
tal como se observa durante el tratamiento con L-tiroxina (LT4)
en los pacientes con TH21. Por el contrario, los pacientes eutiroideos
seropositivos se deben seguir mediante la determinación
periódica de pruebas de función tiroidea. La periodicidad de
estas pruebas estará determinada por el contexto clínico. En
ocasiones puede ser adecuado realizar ecografías seriadas con
objeto de evaluar el grado de tiroiditis22.
Tratamiento. La presencia de T-Ab por si misma no requiere
tratamiento, aunque puede ser recomendable en el caso de
embarazo (ver mas adelante)23,24. Sin embargo, los pacientes
seropositivos menores de 60 años con valores de TSH en plasma
entre 2.5 y 4.5 mU/mL tienen un incremento de riesgo para
desarrollar hipotiroidismo franco, por lo que requieren mayor
seguimiento y en ocasiones pueden precisar tratamiento con
LT4. Los estudios a largo plazo han demostrado que anual-
Figura 2. Correlación entre concentración de TSH y anticuerpos antitiroideos
Numerosos estudios han demostrado la existencia de una fuerte correlación positiva entre la concentración plasmática de TSH y anticuerpos contra
peroxidasa (TPO-Ab). Aquí se muestran los datos del estudio NAHANES III según la información aportada por Lee37. Más del 96% de los pacientes
con TSH por superior a 40 μU/mL tenían T-Ab positivos. Por el contrario sólo se detectaron en el 5% de los sujetos con TSH menor de 0,4 μU/mL.
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Utilidad clínica de los anticuerpos antitiroideos
REV MED UNIV NAVARRA/VOL 52, Nº 2, 2008, 3-8 7
mente entre 3-5% de estos pacientes evolucionan hacia el
hipotiroidismo (3).
Enfermedad de Graves
Diagnóstico. A menudo la EG tiene lugar en un paciente en
el que existe un trasfondo de autoinmunidad contra el tiroides,
tal como lo indica la presencia de TPO-Ab y Tg-Ab. Sin embargo
el comienzo de la enfermedad esta marcado por la presencia
de TSHR-Ab y el desarrollo concomitante de hipertiroidismo.
El hallazgo de TSHR-Ab confi rma el diagnóstico de EG en el
paciente hipertiroideo.
No siempre existe una buena correlación entre TSHR-Ab y
la situación clínica en la EG. Su expresión sintomática depende
en gran medida de la reserva funcional de la glándula tiroidea del
paciente y de la reacción del paciente al aumento de la concentración
de hormonas tiroideas25. Ello también puede explicarse
por la presencia concomitante de TSHR-Ab estimuladores y
bloqueadores o por la desensibilización de TSHR inducida por
los altos títulos de TSHR-Ab26.
Seguimiento. La presencia de altas concentraciones
de TSAb en los pacientes con EG que han sido tratados con
fármacos antitiroideos predice la posible recidiva tras cesar el
tratamiento médico27. Además se ha sugerido que la concentración
de TSHR-Ab puede predecir la efectividad del tratamiento
con yodo radioactivo28,29 y el curso de la oftalmopatía en algunos
pacientes30. Es importante señalar que la concentración
de TSHR-Ab disminuye de forma drástica tras el tratamiento
crónico con antitiroideos o cirugía, si bien tras el tratamiento
con yodo radioactivo los TSHR-Ab no desaparecen completamente.
Estas observaciones tienen repercusiones prácticas en
el manejo de estos pacientes, especialmente en aquellos afectos
de oftalmopatía, en los que conviene evitar el tratamiento con
yodo radioactivo.
Cáncer de tiroides
Diagnóstico. La determinación de valores plasmáticos de
Tg-Ab carece de utilidad en el diagnóstico primario de CDT,
si bien la prevalencia de estos anticuerpos es mayor en estos
pacientes que en la población general.
Seguimiento. Después del tratamiento inicial con tiroidectomía
total y ablación de los restos tiroideos con yodo radioactivo,
los pacientes con CDT deben ser seguidos mediante determinaciones
seriadas de Tg. En este contexto es esencial determinar
Tg-Ab a la vez que Tg. Existen dos razones para ello. En primer
lugar Tg-Ab puede interferir con los ensayos de Tg. En segundo
lugar la medición seriada de Tg-Ab (con el empleo sistemático
del mismo método analítico) puede ser un sucedáneo de la Tg
como marcador tumoral, especialmente en estos pacientes con
Tg-Ab positivos en los que el valor de Tg no es fi able31,32. La
tendencia en los valores de Tg-Ab tiene signifi cado pronóstico
en los sujetos con CDT. Un declive progresivo en los valores
plasmáticos de Tg-Ab indica un buen pronóstico, mientras que
un aumento puede anunciar recurrencia de la enfermedad.
Embarazo y postparto
Diagnóstico. La presencia de TPO-Ab en la mujer embarazada,
independiente de su función tiroidea, indica un mayor
riesgo de aborto y parto prematuro. La tasa de aborto espontáneo
es el doble en las mujeres seropositivas que en las seronegativas.
También se debe considerar que más del 40% de las mujeres
con TPO-Ab positivos desarrollan tiroiditis postparto, mientras
que su prevalencia en la población general es del 8-10%33.
La detección de TSHR-Ab indica la presencia de EG activa,
por lo que la paciente debe seguirse mediante estudio de su
función tiroidea y de sus concentraciones de TSHR-Ab, ya que
puede infl uir en el feto23.
Seguimiento. Conviene realizar un seguimiento periódico
mediante determinaciones mensuales de TSH a toda mujer gestante
que tenga T-Ab positivos, ya que tienen mayor riesgo de
desarrollar hipotiroidismo y/o complicaciones obstétricas 23,33,34.
Este seguimiento es particularmente importante en las zonas
con défi cit de yodo. Estas mujeres también tienen mayor riesgo
de desarrollar disfunción tiroidea postparto, por lo que deben
seguirse a los 3, 6 y 12 meses después del parto.
Los TSHR-Ab deben determinarse trimestralmente en las
pacientes en las que se han detectado previamente. Existe la
posibilidad de complicaciones en el feto cuando son persistentemente
elevados al término de la gestación. En estos casos se
recomienda realizar un estudio ecográfi co fetal (con objeto de
estudiar la presencia de bocio en el feto) y de ser preciso, iniciar
tratamiento neonatal tanto si los TSHR-Ab son estimuladores
como bloqueadores de la glándula tiroides23.
Tratamiento. Se debe considerar iniciar tratamiento con
LT4 en cualquier mujer que desee quedarse embarazada que
tenga T-Ab positivos y valores de TSH plasmática > 3.0 mU/mL
(35). El objetivo general es mantener la concentración de TSH
plasmática materna por debajo de 2.0 mU/mL a lo largo de
toda la gestación. Existe un estudio en el que el tratamiento con
LT4 en mujeres embarazadas con T-Ab positivos disminuyó el
número de abortos y de partos prematuros (36).
Otras situaciones
Existen varias situaciones en las que se recomienda determinar
T-Ab. Entre ellas destaca el tratamiento farmacológico
con citoquinas (interferones, interleuquina 2), sustancias ricas
en yodo, amiodarona y carbonato de litio, ya que todos ellos
pueden precipitar EAT (20).
Del mismo modo se aconseja determinar T-Ab en todo
paciente que padece otro tipo de enfermedades autoinmunes.








HIPERTIROIDISMO



Sección de Endocrinología. Hospiten Bellevue. Puerto de la Cruz (Santa Cruz de Tenerife)
Identificado con la inquietud por difundir el tratamiento
de la orbitopatía hipertiroidea y, sobre todo
-lo que resulta más atractivo para un clínico-, por su
interés en dar a conocer las técnicas de exploración
precoz y el tratamiento de un cuadro que -de olvidarloterminaría
irremisiblemente en el quirófano, presento
esta revisión del hipertiroidismo y su inclusión en la
enfermedad de Graves-Basedow.
Se trata de procurar que el clínico afine su agudeza
en la búsqueda de un signo que se le aparecerá en
estado embrionario, algunas veces indetectable
semiológicamente, pero que ha de sospecharse siempre
que la sintomatología acompañante o los datos
complementarios de laboratorio nos orienten hacia
un trastorno tiroideo por aumento de secreción hormonal
de la glándula.
El hipertiroidismo es un trastorno funcional del tiroides
caracterizado por el aumento de secreción hormonal de
la glándula y, en consecuencia, por la presencia elevada
en la sangre de hormonas tiroideas. Lo que conocemos
por enfermedad de Graves -en los países anglosajones-
y Basedow -en la Europa continental- no constituye
la única manifestación hipertiroidea; también debe
consignarse el hipertiroidismo consecuente a los
bocios nodulares tóxicos, aunque se presentan en
menor frecuencia. El hipertiroidismo es uno de los
tres componentes de la enfermedad de Basedow;
los otros dos son el bocio difuso y la oftalmopatía.
En ocasiones se añade el mixedema pretibial.
El Graves-Basedow es una afección polisistémica y
autoinmune, más frecuente en la mujer entre la tercera y
cuarta década de la vida. Se caracteriza por la existencia
de un anticuerpo que actúa frente al receptor de
tirotropina en las células foliculares del tiroides
estimulando dicho receptor. Este anticuerpo es la
"inmunoglobulina estimuladora del tiroides" (TSI).
Del conjunto de la triada citada, el elemento más
importante es la tirotoxicosis que se traduce en hiperplasia
difusa del tiroides con hiperfunción. No siempre
aparecen juntos todos los constituyentes, aunque la
tirotoxicosis es casi constante; sin embargo, en alguna
ocasión, puede faltar y aparecer aislado uno de los
otros como, por ejemplo, el exoftalmos infiltrativo
(oftalmopatía endocrina, forma oftálmica de la enfermedad
de Graves u oftalmopatía de Graves) o el
mixedema pretibial. Afortunadamente, la presencia del
mixedema pretibial -cuya propia designación conduce
a error de interpretación porque casi nunca aparece en
esa zona de la extremidad inferior- es raro y se observa
solamente en un 4% de los casos. Su presencia aislada
condiciona una destacada dificultad diagnóstica
desde el punto de vista clínico y, de manera particular,
en lo que hace referencia a la posibilidad del diagnóstico
precoz de la oftalmopatía infiltrativa. La determinación
de inmunoglobulina oftalmopática puede ser en
un futuro un sistema válido para el diagnóstico de la
oftalmopatía no acompañada de disfunción tiroidea.
Es poco frecuente la presencia aislada de hipertiroidismo
sin bocio ni exoftalmos. La forma de presentación más
frecuente, en cuanto a formas incompletas, es el hipertiroidismo
junto al bocio. En ocasiones, el exoftalmos no es
un actor precoz, sino que el paciente muestra signos
hipertiroideos claros y evidentes, el diagnóstico se confirma
más tarde con las pruebas complementarias y el
globo ocular sigue, no obstante, mostrando un aspecto
aparentemente normal. La oftalmopatía puede aparecer
más tarde o nunca, aunque esperar pasivamente esta
última posibilidad no parece aconsejable. A pesar de la
frecuencia de la oftalmopatía, hay estadísticas en las que
se registra su ausencia hasta en el 43,5% de los casos.


FORMAS CLÍNICAS


Otras variantes, en cuanto a formas de presentación,
se ofrecen en el anciano, en el que el bocio y las formas
oftálmicas faltan con más frecuencia o son de
aspecto moderado. En estos enfermos de edad avanzada
el hipertiroidismo es una afección grave por su
tendencia a complicarse con cardiopatía.
Otra forma más rara es la forma apática de Lahey,
que se presenta en mujeres mayores de 40 años y
cursa con apatía, indiferencia, escasez de manifestaciones
cardiocirculatorias, llamativa pérdida de peso y
afectación muscular.
La frecuencia de aparición de los diversos síntomas
nos da un mapa general de la tipología hipertiroidea.
El nerviosismo (99%) acompañado de agitación,
hiperactividad y labilidad emocional, transmite al
médico una especial sensación de inquietud que
constituye un factor importante a la hora de sentar la primera
sospecha diagnóstica. Tenemos delante un
enfermo, generalmente una mujer joven, de mirada
brillante, que se expresa con volubilidad y apresuramiento;
su cuello de cisne parece abultado; su actitud,
a veces agresiva, nos incomoda. Si el clínico observador
es capaz de captar esta primera impresión, tiene
hecha una buena parte del diagnóstico.
Un signo casi permanente, consecuencia de la
alteración del sistema nervioso, es el temblor (97%)
que encontraremos en la exploración. Se trata de
un temblor fino que hace que la enferma muestre
inseguridad en la aprehensión de los objetos.
La hiperhidrosis (91%), sobre todo en las manos,
puede complicar su vida de relación.
Hay una especial hipersensibilidad al calor (89%).
El paciente está sudoroso y su piel es fina, caliente y
roja, consecuencia de la excesiva termogénesis.
La pérdida de peso (85%) puede llegar a ser llamativa
a pesar de que el apetito está conservado y
con frecuencia aumentado a límites insaciables. En
algunos enfermos se observa un aumento del índice
de saciedad y una bulimia de etiología nerviosa.
Las heces son pastosas y la frecuencia de las
deposiciones aumenta, sin llegar a ser una auténtica
diarrea (23%).
En la anamnesis descubriremos que esta mujer
presenta algunas irregularidades menstruales.
En el ámbito cardiocirculatorio encontraremos
una taquicardia (100%) permanente. Puede afirmarse
que no hay hipertiroidismo sin aumento de
la frecuencia cardiaca. Esta taquicardia y el incremento
del volumen sistólico condicionan una disminución
de la resistencia vascular periférica y un aumento
del gasto cardiaco. Son frecuentes los trastornos
del ritmo como la fibrilación auricular. En los casos
de larga evolución se puede llegar a cardiomegalia
e insuficiencia cardiaca, a pesar del alto gasto
cardiaco.
Las alteraciones metabólicas consisten en una
modificación de la curva de glucemia con un pico
posprandial a la hora, aceleración del metabolismo
de las grasas con disminución de la colesterolemia
y aumento del metabolismo proteico, sobre todo
en su degradación, culpable de la pérdida de
peso. Personalmente, siempre pido la colesterolemia
junto a las hormonas tiroideas en el control
evolutivo del proceso.
El aumento de hormonas circulantes puede actuar
sobre el hueso y originar hipercalcemia con hipercalciuria
e hiperfosfaturia, lo que, desde el punto de vista
clínico, puede traducirse en una osteopenia en los
casos de larga duración.
Los músculos se atrofian, el paciente pierde fuerza
al andar, se debilita la función articular, sobre todo en
las rodillas, y se puede llegar en casos extremos a la
miastenia gravis y la parálisis periódica hipopotasémica.
En algunos casos, un tanto excepcionales, pueden
aparecer síntomas paradójicos, como estreñimiento
(4%) o aumento de peso (2%).
El segundo elemento de la triada de la enfermedad
de Basedow es el bocio difuso, que no es
de gran tamaño, sino más bien pequeño y algunas
veces imperceptible. Su consistencia es blanda y al
tacto resulta pulsátil. A la auscultación se apreciará



CLÍNICA

un soplo local. La palpación del bocio resulta
molesta para el paciente y, a veces, dolorosa. Este tipo
de bocio nunca produce fenómenos compresivos.
Las causas más frecuentes de hipertiroidismo
son la producción excesiva de hormona tiroidea
(Basedow, bocio multinodular tóxico, adenoma
hiperfuncionante autónomo, adenoma hipofisario
secretor de TSH, hiperemesis gravídica, mola hidatiforme),
la destrucción tiroidea con salida de hormona
tiroidea (tiroiditis linfocitaria, tiroiditis granulomatosa
subaguda), el hipertiroidismo medicamentoso, el
estruma ovárico y el carcinoma tiroideo metastásico.
Entre las causas medicamentosas merece citarse
la administración abusiva de hormona tiroidea
para adelgazar, una práctica que, a veces, parte
de determinaciones del propio paciente y otras, las
más, de fraudes -desgraciadamente extendidos
hoy con el apoyo del mercantilismo farmacológico-
en forma de productos-milagro que contienen
en su omitida composición cantidades considerables
de estas hormonas.
Actualmente, las pruebas para fijar la etiología del
hipertiroidismo son:
- La TSIgG, que es una prueba comercializada para
detectar si existe TSI. Cuando es positiva indica que el
hipertiroidismo se debe a un Graves-Basedow.
- Determinación de anticuerpos frente al receptor
de TSH: positiva en un 75% de pacientes Graves-
Basedow y técnicamente menos complicada que la
prueba anterior.
- Anticuerpos antiperoxidasas: prueba positiva en
la enfermedad de Graves-Basedow y en la tiroiditis
linfocitaria de Hashimoto.
- Gammagrafía del tiroides: útil para determinar si
existe un nódulo hiperfuncionante autónomo, si hay
varios nódulos o si los nódulos son fríos.
En este último caso, y sobre todo si se trata de
pacientes jóvenes, el método de elección del tratamiento
es la ablación quirúrgica.
En la práctica clínica, el diagnóstico diferencial del
hipertiroidismo se hace de forma más rápida y barata
con la determinación de TSH en el laboratorio.
Casi todos los autores prefieren hoy utilizar antitiroideos
como tratamiento definitivo en la mayoría de los
pacientes, sobre todo en los adultos jóvenes y de edad
media. Por el contrario, en Estados Unidos la administración
de yodo-131 es el tratamiento más habitual.
Fármacos
Las tionamidas siguen siendo, después de 50
años, el recurso más eficaz. Se trata del propiltiuracilo,
el metimazol y su derivado el carbimazol. Actúan
bloqueando la síntesis de hormona tiroidea al inhibir
la producción de peroxidasa tiroidea.
La dosis terapéutica habitual es de 300-600 mg
diarios para el propiltiuracilo o de 30-60 mg para el
metimazol, divididas, en ambos casos, cada 8 horas.
El control del tratamiento se hará en principio cada
mes para ajustar la dosis. La duración del mismo se
estima en 1,5-2 años. Los fracasos, independientemente
del diagnóstico erróneo de hipertiroidismo, son
el empleo de dosis inadecuadas y la reducción de la
dosis antes de obtener la remisión completa. Cuando
se produzcan recaídas después de la suspensión del
tratamiento oral, lo más aconsejable es reanudar el
tratamiento con dosis altas o valorar la adopción de
otra posibilidad. La toxicidad de los tioderivados es
muy escasa y se limita a erupciones cutáneas en un
2,4% de los casos.
Los betabloqueantes, de manera especial el propranolol,
frenan la actividad adrenérgica y eliminan la
taquicardia, el temblor, la ansiedad, el nerviosismo y
la sudoración. Las dosis habituales de propranolol son
20-40 mg cada 6 horas procurando mantener la frecuencia
cardiaca alrededor de 70 latidos por minuto.
El uso exclusivo de estos fármacos no tiene efecto
directo alguno sobre el tiroides; sólo estará indicado
como agente complementario del tratamiento.
ETIOLOGÍA TRATAMIENTO

R E V I S I Ó N

Otros fármacos usados son el ipodato sódico y
el ácido iopanoico, medios de contraste y potentes
inhibidores de la conversión periférica de T4 a T3.
A la larga su uso no conduce a la curación del
hipertiroidismo.
El yodo inorgánico en forma de gotas (solución
de Lugol), en dosis de 5 gotas cada 12 horas, es
eficaz solamente durante unos 10 días y se emplea
hoy para la preparación quirúrgica, ya que el yodo
endurece la glándula y reduce su vascularización.
Los corticoides a dosis altas (dexametasona 8 mg/día)
reducen la secreción de hormona tiroidea por
mecanismo desconocido.
Yodo-131 radioactivo
Se utiliza hace más de 40 años. Es un método
de fácil aplicación y eficaz. La mayoría de los
pacientes requieren dosis bajas (5-15 mCi). Su
mayor desventaja, bastante más habitual de lo
deseable, es la conversión a hipotiroidismo, que
será permanente si se produce después de 1 año
de tratamiento (10-20% de los casos). Cuando
aparece durante los primeros 6 meses, el 25% de
las veces es transitorio; es decir, el peligro de
mixedema permanente es muy alto, al contrario
del que puede aparecer en el tratamiento farmacológico
que es, siempre, reversible.
Se ha descrito la aparición de una exacerbación
del hipertiroidismo después de la administración
de una dosis terapéutica de yodo-131. Algunos
autores prefieren utilizar sistemáticamente antitiroideos
después del yodo-131 debido a la incertidumbre
del control del hipertiroidismo.
Tratamiento quirúrgico
El tratamiento de elección es la tiroidectomía
subtotal, que ha sido considerado el mejor tratamiento
del hipertiroidismo desde hace 60 años
hasta hace poco.
Es preciso ajustarse a unas normas para garantizar
su resultado. El paciente debe someterse antes a
un tratamiento intensivo farmacológico hasta recuperar
su peso e inmediatamente antes debe ser
preparado con solución de Lugol (yodo inorgánico)
durante 7-10 días.
La incidencia de complicaciones es apreciable:
la primera es el hipotiroidismo (25% de los pacientes).
Debe reseñarse que, tal vez, este porcentaje
sea superior en el número de enfermos operados
que, sin manifestar signos clínicos evidentes de
hipotiroidismo, deben ser tratados con pequeñas
dosis de levotiroxina. Muchas veces el ajuste de
esta terapia será sutilmente milimétrico, y la impaciencia
por mover exageradamente las dosis
podrá conducir a la reversión del proceso con
mucha facilidad. Esta incidencia se observa frecuentemente
en la práctica.
La persistencia del hipertiroidismo después de
la intervención alcanza a un 10% de los casos y
tiene que ver, sobre todo, con la cantidad de glándula
que el cirujano ha decidido dejar. Suelen dejar
fragmentos que pesen 4-10 gramos.
La hipocalcemia residual, transitoria, se puede
resolver con la administración de calcio.
Otras complicaciones de menor entidad son los
queloides -es sabida la frecuencia de cicatrices
hipertróficas en toda esa zona y en la preesternal-
, la parálisis del nervio laríngeo recurrente (1%) y
las infecciones de la herida.
La tiroidectomía subtotal alcanzó su mayor
apogeo en la década de los sesenta, pero actualmente
se recomienda reservarla para situaciones
especiales, como la alergia a los hipotiroideos, el
rechazo del paciente al tratamiento con yodo-131
o el bocio tóxico multinodular.
1. Astwood EB. Endocrinología
Clínica. Ed. Toray.
Barcelona: 1963.
2. Farreras Valentí P,
Rozman C. Medicina Interna
II. Harcourt Brace. Madrid:
1998.
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Madrid: 2003.